miércoles, 2 de agosto de 2017

el invierno

Ganadora de numerosos premios en festivales de todo el mundo, incluyendo el Premio Especial del Jurado y del de Mejor Fotografía en el último Festival de Cine de San SebastianEl invierno, del argentino Emiliano Torres, es una película que trata temas universales como la lucha por la supervivencia, el cambio generacional, el mercado laboral o la relación del hombre con la naturaleza. Y todo en un entorno espectacular: la Patagonia argentina.
Es una película sobre un mundo que desaparece, sobre un tipo de trabajo que desaparece, y filmada a la manera de un cine que también está a punto de desaparecer”.
La película cuenta la historia de dos hombres. El viejo capataz de un rancho de la Patagonia que es obligado a jubilarse después de décadas de fiel servicio y el joven que lo sustituye, que necesita un trabajo desesperadamente. Cada uno deberá intentar sobrevivir al próximo invierno a su manera, aunque para ello tengan que enfrentarseVivimos en un sistema en el que nos obligan a luchar entre nosotros, en el que parece que la única forma de sobrevivir es pisotear al prójimo. La vieja idea de la pelea de pobres contra pobres, de gente que tiene muy poco peleándose por las migajas. Como en mi película, al final de la cadena hay dos hombres peleándose por un techo que ni siquiera podemos calificar como un hogar”
“La pregunta que plantea la película -añade Emiliano- es sí en esa lucha por lo más elemental, por la supervivencia, corremos el riesgo de que el alma se nos hiele. Si realmente tiene sentido luchar por ser capataces de nuestras propias vidas. La película toma partido en esta batalla planteándonos ¿Hasta qué punto tiene sentido esa lucha? ¿Cuánto podemos ganar? y ¿Cuánto podemos perder, en la defensa de nuestros pequeños logros?. Son preguntas que creo que la película responde
“Desgraciadamente en estos tiempos de crisis la vida humana parece valer muy poco. No hace falta ver las noticas para comprobarlo, porque simplemente con salir a la calle vemos que es un momento duro, oscuro y triste. Creo que el título de la película también tiene que ver con eso, no describe solo lo que pasa en la película sino el momento que vive el mundo actualmente. Ese invierno que cubre el planeta es una prueba que tenemos que pasar. Estamos en un momento de supervivencia, de luchar por lo más elemental, por cosas que creíamos que la sociedad ya nos garantizaba”.
“Otra pregunta que nos plantea El invierno es ¿Quién es el enemigo en esta lucha? “En principio somos nosotros mismos. Pero hablando de la película, encontramos una estructura económica, no sólo en Argentina sino en todo el mundo, donde la vida rural, los derechos de agricultores y ganaderos han sido pisoteados. Eso hace que los acuerdos entre trabajadores y patrones dependan prácticamente de la voluntad de los dueños, lo que hace que esas personas se aprovechen de sus empleados. Por eso sería necesario el control del estado para garantizar los derechos de la gente que trabaja en el campo.
En una historia como estan la que hay dos protagonistas absolutos, era fundamental encontrar a los actores adecuados.“Cristian Salguero (el capataz joven), es un actor que viene del norte, del litoral, con poca experiencia en cine y al que encontré haciendo un casting en la zona. Decidí buscar al protagonista en Buenos Aires porque quería que el actor trajese algo del imaginario que necesita el personaje”.
“Cristian es un actor con una profunda noción natural de lo que implican los ritmos y los gestos cinematográficos. Tiene una mirada de una profundidad increíble y conoce en carne propia lo que es tener que ganarse la vida en condiciones pésimas”.Alejandro Sieveking es todo lo contrario. Es un famoso dramaturgo, actor y director de teatro, probablemente el dramaturgo más importante de Chile; y famoso también por su colaboración durante dos décadas con Víctor Jara. Tiene una formación teatral estricta dura, de muchos años”.
Ese encuentro entre dos estilos y formas de actuar tan diferentes –continúa- es similar al enfrentamiento que mantienen los personajes de la película. Y le dio una riqueza única. Para mí ellos dos son el corazón de la película, mucho más que los paisajes o la fotografía. Ese enfrenatmiento de la película es el centro de lo que hemos logrado con la película”.
Y lo mejor es que han conseguido esas grandes actuaciones casi sin hablar. “Son actuaciones contenidas y con muy pocos diálogos –comenta Emiliano-. No por una cuestión de estilo sino porque en la Patagonia es así. Hablan muy poco. Nadie dice lo que siente fácilmente. Son personas que se definen por sus actuaciones, por sus gestos. Eso fue un desafío enorme para los actores, pero lo superaron. Creo sinceramente que, más que interpretarlos, consiguieron convertirse en los personajes”.
De hecho, el chileno Alejandro Sieveking consiguió el premio al Mejor Actor, en el Festival de Biarritz, por su trabajo en esta película.
Una de las curiosidades de la película es que esa estancia tan dura e ingrata lleva el nombre de "La Esperanza". “Quizá para nuestros protagonistas, en un momento trabajar allí significó una esperanza –asegura Emiliano-. Es una esperanza extraña lo que les lleva a intentar conseguir un hogar en un sitio tan duro para vivir. Aunque probablemente escapasen de algo mucho peor”.
Algunos críticos han comparado la película con un western. “No creo que lo sea –asegura el director-. Es cierto que tiene caballos, armas y paisajes infinitos, pero nunca lo imaginé como un western sino como un anti-western, aunque sea admirador de Sergio Leone. Pero no quise hacer un western, Intento evitar los momentos en que el género se regodea, como las escenas de acción. Mi violencia es más sucia, más realista. Aunque creo que la comparación con es inevitable y el enfrentamiento final de los dos hombres quizá evoque al western”.
“Pero El invierno es una mezcla de géneros. Comienza como una película documental, luego se convierte en un drama y termina resolviéndose como un thriller. Podríamos añadir el western pero contenido, sin regodearme con él”. Esta es la primera película como director de Emiliano Torres aunque lleva décadas trabajando como ayudante de dirección, lo que le permitió descubrir la Patagonia: “Mi profesión me ha permitido viajar por todo el mundo y recorrerme toda Argentina. Hace una década, trabajando en la Patagonia, quedé atrapado en una tormenta de nieve. Y busqué refugio en el primer lugar que encontramos, una estancia muy similar a la de la película. Y me pasé varios días hablando con un pastor, muy parecido al de la película, de cosas muy elementales, como los caballos, los perros, el clima. Hablamos muy poco pero nos llevamos muy bien”.
“Lo curioso es que me fuí de allí sin tener ni idea de la historia de este hombre pero con una sensación muy fuerte de lo que significa vivir en esas condiciones, aislado durante meses, en absoluta soledad y vigilando estancias que tiene la extensión de la ciudad de Buenos Aires (y que están vigiladas por una sola persona). Así que volví a casa e inventé el resto de su historia”.
“O al menos pensaba que la inventaba porque varios años después volví a la zona, con el guion terminado, y esa historia, que yo creía ficticia, se repetía en la mayoría de las estancias de la zona. Historias trágicas de hombres solitarios que se niegan a recibir atención médica en los momentos más duros de su vida y que incluso prefieren quitarse la vida antes de enfrentarse a un encuentro con lo que sería la vejez en la ciudad. De alguna forma eligen morir a su manera”. Los espectaculares paisajes de la Patagonia y la atmosfera opresiva de la película le valieron el Premio a la Mejor Fotografía en el Festival de San Sebastián: “El paisaje es uno de los protagonistas de la película. Pero en todo momento hemos intentado evitar tratarlo como si fueran postales. No me interesaba la postal de la Patagonia. De hecho rodamos en una zona en la que casi nadie había rodado antes, evitando las típicas imágenes de la Patagonia de pingüinos, valles y montañas”.
Es el paisaje del trabajo, de la nieve, del barro, de esos campos infinitos. Para mí, filmar en estos lugares aislados, sin electricidad y a hora y media de la civilización, adaptándonos a lo que la naturaleza nos ordenaba. Pero logramos el paisaje que buscábamos”.
Un paisaje fantásticamente retratado por el director de fotografía, Ramiro Civita. “Nos conocemos desde hace 20 años y rodamos la película completamente con luz natural, incluso las secuencias nocturnas. Es una película filmada en relación a la luz. Hemos adaptado las escenas a los momentos y horas en los que las rodamos. Más que una película hecha con luces, es una película rodada con brújula, relojes, amaneceres y puestas de sol. La cámara y la puesta en escena está construida en relación a la luz. Creo que era la única forma de rodar una película en ese lugar”.
Un lugar espectacular que: “En este momento es una zona en venta. Está sobreexplotado, como casi todos los lugares naturales de nuestro mundo. Para la generación de energía, para el turismo, que no siempre es una industria limpia. Y en condiciones bastante críticas porque cada vez llueve menos, hay menos nevadas… es un mundo que desaparecerá si no lo evitamos

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