miércoles, 9 de agosto de 2017

reparar a los vivos

Melodrama de la muerte. La vida no solo es tragedia. Pero tampoco ensoñaciones como las carreteras que se conviertan en oceanos. Sin discutir sobre si la muerte es la semilla de la vida, lo dudo, Katell Quillevere se mantiene en que somos fragiles y que la union de los humanos hace la fuerza. Con metaforas y imagenes imposibles, la camara se convierte en una heart movie, en que viajamos del cuerpo de un hombre joven a una mujer en un corazon y asi vamos conociendo algo de sus vidas. El cuerpo medico minetras tanto ama a los pajaros. Todo empieza de madrugada, en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas que, en el camino de vuelta a casa sufren un trágico accidente. Uno de ellos, Simón, se debate entre la vida y la muerte en el hospital de Havre, mientras que, en el de París, una mujer espera un providencial trasplante que pueda salvarle la vida. Los destinos de ambos se encontrarán gracias al doctor Thomas Remige, que deberá convencer a unos padres devastados de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. La vida y la muerte se dan la mano en Reparar a los vivos, drama de Katell Quillévéré (Suzanne) que adapta la novela de Maylis de Kerangal. La historia, que cautivó a la realizadora desde su primera lectura, se transforma en una película que explora las connotaciones científicas, poéticas y metafísicas de un proceso, ya de por sí de gran carga dramática, como es un trasplante de corazón. La vida que acaba para que otra pueda seguir su camino es el concepto central de un film que, sin embargo, da gran importancia a los procedimientos y avances de la medicina moderna y a las emociones y miedos de aquellos que reciben el órgano que podría salvarles. Tahar Rahim (El padre), Emmanuelle Seigner (La Venus de las pieles), Anne Dorval (Los amores imaginarios) y Bouli Lanners (De óxido y hueso) lideran el reparto de una cinta que habla sobre la interconexión de las personas y busca conmover al espectador desde dos sentimientos tan opuestos como la alegría y la tristeza.

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