lunes, 23 de enero de 2017

La luz entre los oceanos

El melodrama es quizá, de todos los géneros clásicos del cine, el más difícil de resucitar en el contexto urbano contemporáneo. Por eso solo florece de manera convincente en países de los llamados tercermundistas por sus duras condiciones sociales o bien retrocediendo a una época lejana y retirándose a un lugar muy apartado de ese entorno urbano y conceptual que define la modernidad.  Es lo que hace la novela de la que parte el director Derek Cianfrance («Blue Valentine»), publicada hace un lustro aunque parece de hace un siglo: un veterano de la guerra del 14, traumatizado por motivos a la vez concretos y existenciales, acepta un puesto de farero en un remoto lugar de la costa australiana. De tanto buscar su luz, Cianfrance se ciega de tanta tragedia, angustia y pesada gravedad. Amor y muerte en una pareja equivocada que no encuentra el equilbri nii con la todavia beleza Rachel Weisz. No cabe imaginar mayor aislamiento vital en este poema de contención de ese hombre parco en palabras y decidido a serlo también en sentimientos. Claro que no cuenta con el exuberante y bullicioso amor que le va a traer la joven Alicia Vikander, tan insultantemente viva que es pura carne de melo. Para distorsionar tanta paz e ntrospeccion intia, el guion echa a la pista, abortos,  traumas belicistas, amores rotos y pegados y ninos robados sin sobercomo ni donde. El destino la golpeará, tanto que hasta que el farero tendrá que reaccionar, ennobleciéndose hasta adquirir un carácter épico ante nuestros ojos. Pero quien cierra el triangulo es MIchael Fassbender cuya soledad alientamas mirar folms porno que cambar las luces que indican el puerto. Un puerto donde siempre esperan atentos Jack Thompson, Bryan Brown  y anthony Hayes. Produce un cierto recelo, sin embargo, que el conflicto repose sobre una definición más bien histérica de la protagonista. Y tampoco convence la mecánica alternancia de la puesta en escena entre los primeros planos y los marcos incomparables del paisaje: la clave del melodrama clásico estaba en los planos medios que espacializaban el conflicto entre el deseo y la realidad de los personajes

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