viernes, 4 de mayo de 2018

Le samurai/ el silencio de un hombre


EL SAMURAI
El cénit de Melville llega con Le Samouraï (no he entendido la traducion como El silencio de un hombre, 1967). Un film cuyas dimensiones  de género expande su influencia aún hasta nuestros días en filmografías tan lejanas como la coreana, en la manera de rodar ciertas escenas donde se apropian del  metódo de Melville en las idas y venidas del metro convirtiendo una persecución en casi un organigrama de cómo preparar un atentado.
El samurai no deja de ser un mundo márginal, de lugares solitarios y decadentes, espacios que sirven para ilustrar un  universo  y el reflejo  del protagonista y su visión existencialista.

Así pues, El silencio de un hombre seria un  noir existencialista, donde una historia mínima sirve para elaborar un discurso del yo interior, hablar de modos de comportamiento, de ver un mundo que no se define por una realidad sino que se filtra a través de la mirada de su protagonista. El azul metálico de los ojos de su protagonista, Jeff Costello, confieren esta tonalidad a toda la película. Un azul frío., melancolíco y solitario que inunda cada uno de los fotogramas. Desde la habitación donde habita Jeff, (que deja de ser Alain Delon) pasando por los cabarets de mala muerte hasta la misma estación de policía, todo tiene un aire de desnudez  de almas rotas que se han instalado  donde han podido..
No estamos ante un retrato sesgado o  del personaje. Se trata de una toma de posición aséptica.. No hay espacio para sentimentalismos. No se trata del canon habitual del noir, de un descenso a los infiernos de una persona decente, o del periplo de un anti-héroe. La palabra clave es el no, y Jeff Costello, es, al igual que el resto de personajes a su alrededor, una persona,  sin futuro, viviendo en un presente que se proyecta sobre sí mismo.
El fatalismo de la obra gira tanto entorno al drama de la existencia de las consecuencias que la estricta obediencia al código personal acarrea. Melville indica que la fidelidad a uno mismo siempre se topará con la “flexibilidad” moral del entorno y, por tanto solo hay un destino, una línea de llegada posible: el desenlace fatal. El tono desapasionado con el que filma, como si el corte violento, seco, del plano  fuera de campo, no fueran más que registros ciegos de aquello de lo que querria contar.


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